La violencia contra las mujeres en España se manifiesta de diversas formas, desde episodios extremos de agresión hasta una alarmante incidencia diaria de denuncias por violencia machista. Dos noticias recientes ilustran esta realidad: una detalla la detención de un hombre en Valencia acusado de darle de beber amoniaco a su expareja, y otra revela que más de 500 mujeres denuncian cada día sufrir violencia machista en el país. Voy a integrar ambos casos para comprender, desde una perspectiva criminológica, las dinámicas, causas y repercusiones de este fenómeno.
El caso de Valencia, en el que un hombre es acusado de agredir a su expareja con amoniaco, ejemplifica la violencia extrema que puede derivar de conflictos personales y de dinámicas de control en las relaciones de pareja. Desde el análisis criminológico, este tipo de agresión se enmarca en una lógica de dominio y castigo, en la que el agresor utiliza métodos violentos y simbólicos para ejercer control sobre su víctima. La elección del amoniaco como instrumento de agresión no es fortuita, ya que su uso genera un daño visible y duradero, reforzando la imagen de impunidad y poder del agresor .
Por otro lado, la estadística de que más de 500 mujeres denuncian diariamente situaciones de violencia machista evidencia una problemática de mayor escala: la violencia estructural. Esta cifra alarmante refleja un entramado social en el que comportamientos violentos y actitudes machistas se han normalizado, reproduciéndose tanto en el ámbito doméstico como en el público. La incidencia masiva de denuncias sugiere fallos en los mecanismos de prevención y protección, así como la existencia de barreras que impiden a las víctimas acceder a una justicia efectiva. Desde la criminología crítica, esto se interpreta como resultado de una cultura patriarcal que legitima y perpetúa relaciones de poder desiguales .
Ambos casos comparten un nexo común: el ejercicio del poder a través de la violencia. Mientras que el primer caso se trata de una agresión física con claras implicaciones de control y dominación, la alta frecuencia de denuncias diarias es indicativa de una problemática social más amplia en la que el machismo se traduce en violencia reiterada y normalizada. La criminología subraya que este tipo de violencia no puede ser abordado únicamente desde la perspectiva punitiva, sino que requiere una transformación cultural y estructural para desmantelar las bases de la desigualdad de género.
La combinación de episodios violentos individuales y la magnitud de la violencia machista diaria plantea importantes desafíos para el sistema de justicia penal. Es fundamental implementar políticas que no solo castiguen los delitos cometidos, sino que también prevengan su ocurrencia mediante la educación, la concienciación y la creación de redes de apoyo efectivas para las víctimas. La intervención temprana y la coordinación entre organismos sociales y judiciales son esenciales para romper el ciclo de violencia y evitar que episodios aislados se conviertan en manifestaciones de una violencia sistémica.
La revisión de ambos casos evidencia que la violencia machista en España es un fenómeno multidimensional, que abarca desde agresiones violentas y aisladas hasta una problemática social de amplio alcance. Un enfoque criminológico integral debe considerar tanto los factores individuales —como la psicología del agresor— como los contextos estructurales que perpetúan la desigualdad de género. Solo a través de una respuesta coordinada y multidisciplinaria se podrá avanzar hacia una sociedad en la que la violencia contra las mujeres deje de ser una realidad cotidiana.
Fuente de la imagen: SEPEAP