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Victoria Pascual Cortés

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Criminología y seguridad en grandes eventos: Elrow Town, Torrejón de Ardoz

Publicada el 11/05/2026 por Victoria Pascual

El pasado 1 de mayo, el festival de música electrónica elrow Town, celebrado en el Recinto Ferial de Torrejón de Ardoz, reunió a más de 40.000 personas en un espacio de más de 70.000 metros cuadrados y durante más de doce horas. Según informó El País, la Policía Nacional detuvo a 22 personas por presuntos delitos de hurto, robo con violencia y delitos contra la salud pública, en un operativo especial con más de 150 agentes desplegados en accesos, salidas y perímetro del recinto. La intervención permitió recuperar 60 teléfonos móviles, 25 carteras y un vehículo de alta gama sustraído previamente en Málaga.

Leer lo ocurrido como un simple concurso de hurtos en un evento multitudinario sería demasiado reduccionista. Desde una mirada criminológica, el caso muestra con claridad cómo determinados escenarios generan oportunidades delictivas específicas. Los grandes festivales concentran en un mismo espacio a miles de personas, muchas de ellas con teléfonos móviles, joyas, documentación, tarjetas bancarias y dinero en efectivo. A ello se suman factores como la música a alto volumen, la oscuridad parcial, el consumo de alcohol u otras sustancias, la movilidad constante, el contacto físico inevitable, la dificultad para identificar rápidamente a un agresor o ladrón entre la multitud y el tiempo que tardan los y las asistentes en darse cuenta de que han sido víctimas de un delito.

En el caso de Torrejón, la noticia apunta además a un elemento especialmente relevante, pero que no sorprende a los y las estudiosas de la criminología: en Torrejón se dio la presencia de un grupo criminal especializado en este tipo de eventos. Según la información publicada, algunos autores habrían utilizado gas pimienta para aturdir a las víctimas y facilitar después la sustracción de joyas mediante el método del tirón. Esto desplaza el análisis desde el hurto oportunista individual hacia una forma de criminalidad más organizada, itinerante y adaptada al entorno. No estamos ante alguien que aprovecha un descuido aislado, sino ante sujetos que, presuntamente, conocen el funcionamiento de estos espacios y diseñan una estrategia para explotar sus vulnerabilidades.

La criminología ambiental ayuda a entender este fenómeno. La teoría de las actividades rutinarias, formulada por Cohen y Felson, sostiene que muchos delitos se producen cuando coinciden tres elementos: un infractor motivado, un objetivo adecuado y ausencia o insuficiencia de guardianes capaces. En un festival masivo, los objetivos adecuados abundan: móviles en bolsillos traseros, bolsos abiertos, cadenas visibles, personas distraídas, víctimas separadas de su grupo o incapaces de reaccionar con rapidez. La vigilancia existe, pero puede verse tensionada por la densidad de público, la amplitud del recinto y la simultaneidad de incidentes.

Por eso la seguridad de grandes eventos no puede limitarse a colocar más agentes o más vigilantes. La prevención eficaz exige inteligencia criminológica previa. Esto implica analizar qué delitos son más probables, dónde pueden producirse, en qué franjas horarias aumenta el riesgo, qué zonas facilitan la huida, cómo se comportan los grupos especializados y qué objetos son más buscados. No basta con reaccionar cuando el delito ya se ha cometido; hay que diseñar el evento para reducir las oportunidades de que ocurra.

La prevención situacional del delito, asociada a autores como Ronald V. Clarke, se centra precisamente en modificar el entorno para aumentar el esfuerzo del delincuente, incrementar el riesgo percibido, reducir los beneficios esperados y limitar las excusas o facilitadores del delito. Aplicado a un festival, esto puede traducirse en controles de acceso eficaces, iluminación adecuada en zonas de tránsito, cámaras en puntos estratégicos, patrullaje visible y encubierto, rutas de evacuación claras, consignas seguras, puntos de denuncia rápida, coordinación entre seguridad privada y fuerzas policiales, y mensajes preventivos dirigidos al público antes y durante el evento.

El caso de elrow Town también demuestra la importancia del análisis del modus operandi. El uso de gas pimienta es un detalle que se debe tener en cuenta ya que introduce un componente de violencia, genera pánico, desorienta a las víctimas y puede provocar movimientos bruscos en masa. En un espacio densamente ocupado, un estímulo irritante no solo facilita el robo, sino que puede generar riesgos secundarios para la seguridad colectiva. La criminología, en este punto, no se ocupa únicamente del autor y la víctima directa, sino también del impacto ambiental del delito, también centrará su ocupación en cómo una conducta individual o grupal puede alterar la dinámica de una multitud.

Además, este tipo de sucesos plantea una cuestión esencial: los grandes eventos son espacios híbridos donde coinciden ocio, economía, movilidad, consumo, seguridad pública y seguridad privada. La guía de planificación de seguridad a gran escala de la OEA subraya la necesidad de una planificación integrada, intercambio de información, coordinación institucional y participación de actores públicos y privados en eventos complejos. En otras palabras, la seguridad debe empezar mucho antes de que empiece el evento, debe estar ya presente en la fase de diseño, autorización, evaluación de riesgos y preparación operativa.

Desde una perspectiva victimológica, también conviene recordar que estos delitos conllevan unas consecuencias que derivan en situaciones que pueden ser muy complejas para la víctima. Perder un móvil puede implicar la pérdida de fotografías, datos bancarios, claves, documentación digital y capacidad de comunicación con el grupo. Sufrir un tirón o ser rociado con gas pimienta puede generar lesiones, ansiedad, sensación de indefensión y miedo a volver a eventos similares. La respuesta institucional debe contemplar no sólo la detención de los responsables, sino también mecanismos ágiles para denunciar, recuperar objetos, recibir asistencia sanitaria y reducir la revictimización.

La criminología aporta aquí una mirada especialmente valiosa porque permite pasar de la pregunta «¿quién lo hizo?» a preguntas más amplias: ¿por qué este lugar era atractivo para delinquir?, ¿qué falló o qué pudo mejorarse?, ¿qué patrones se repiten en otros festivales?, ¿cómo se puede rediseñar la seguridad sin convertir el ocio en una experiencia policializada? Ese equilibrio es fundamental. Un gran evento debe ser seguro, pero también habitable. La prevención no puede basarse únicamente en el control visible; debe apoyarse en planificación, análisis de datos, diseño ambiental y comprensión del comportamiento humano.

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