En tiempos de elevada indignación digital, juicios paralelos y exigencias constantes de «mano dura», Diario de un criminólogo incomprendido. El mito de la dureza del castigo, de Antonio Sanz Fuentes, se presenta como una obra especialmente oportuna y, desde luego por mi parte, bienvenida. Publicado por Alrevés Editorial, el ensayo aborda uno de los debates centrales de la criminología contemporánea: por qué sociedades relativamente seguras siguen percibiéndose como amenazadas y por qué esa percepción suele traducirse en una demanda de penas más duras. La nota editorial nos presenta el libro como un ensayo divulgativo centrado en el populismo punitivo, el miedo al delito y la influencia de redes sociales y medios en la percepción de la justicia penal.
La tesis principal del libro busca cuestionar una idea muy arraigada: castigar más equivale necesariamente a conseguir un descenso directo de la criminalidad. Sanz Fuentes plantea que el endurecimiento penal no siempre produce mayor seguridad y que, con frecuencia, responde más a emociones colectivas, como lo son el miedo, la rabia o la frustración, que a evidencias científicas. En este sentido, la obra invita a distinguir entre una política criminal eficaz y una política criminal meramente simbólica. O lo que es lo mismo, una política criminal basada en la ciencia opinión pública o una basada en la opinión pública.
Uno de los aspectos más interesantes del planteamiento es la atención al papel de las redes sociales. El debate sobre el delito ya no se desarrolla sólo en parlamentos, juzgados o medios tradicionales, sino también en TikTok, Twitter o Instagram, donde la opinión rápida, basada en emociones suele imponerse al análisis experto. Según la información recabada, el autor aborda la influencia de los «influencers», los juicios paralelos, la obsesión por la mano dura y la utilización política del miedo al delito.
Desde una perspectiva criminológica, el libro es muy pertinente porque sitúa el castigo dentro de un contexto social, emocional y mediático. No niega el daño causado por el delito ni el sufrimiento de las víctimas, pero recuerda que una respuesta penal justa y eficaz exige algo más que indignación. La criminología, precisamente, sirve para introducir datos, matices y pensamiento crítico allí donde suelen dominar los eslóganes. Y Antonio, al que le doy la enhorabuena desde aquí, siempre ha sido fuente de rigor a lo largo de su carrera profesional.
Así pues, el perfil del autor refuerza esta orientación. Antonio Sanz Fuentes es criminólogo, trabaja en la Fundación Municipal de la Mujer del Ayuntamiento de Cádiz y es vicepresidente de la Asociación Profesional de Criminología en Andalucía. Su trayectoria se ha centrado en temas como el miedo al crimen, la política criminal, la inseguridad y las violencias de género o LGTBIfóbicas y ha sido un referente dentro del mundo criminológico, siendo pionero y trabajador tenaz en aras de la dignificación de la criminología en España.
Gracias por esta obra que mejora, sin duda, el saber criminológico. Mucha suerte.
